Aviso para navegantes

Esta es una advertencia para esos transeúntes que casual o deliberadamente pasan por este espacio. Durante mucho tiempo reflexioné sobre la posibilidad de iniciar un blog y en el 99% de los casos llegué a la irrefutable conclusión de que no era una muy buena idea. Por lo tanto, que ustedes estén ahora leyendo esto no es el resultado más racional de esas reflexiones. Es producto de un impulso que quizás pueda atribuirse a esa especie de fuerza inescrutable que se apodera de nosotros cada principio de año (que conste en actas el gran escepticismo que me merece la frase "año nuevo, vida nueva"). Probablemente esto sea un ejemplo de debut y despedida, y este sea uno de los dos únicos post que publique. Quizás no. Principio de máxima indeterminación. Dado que no sé si volveré a escribir, tampoco sé cada cuánto lo haré (sigo el sabio consejo de un blogger experimentado que me disuadió de prometer regularidades). Tampoco comprendo muy bien las razones que me empujan a escribir esto ahora (es lo que tienen los impulsos, supongo). Sólo espero que de alguna manera esta sea una buena experiencia. Pasen y vean.

martes, 3 de marzo de 2009

Momentos duros de una licenciada en ciencias blandas

Situación I

Pregunta: ¿Qué estudiaste?

Respuesta: Sociología.

Pregunta (con cara de haber escuchado un vocablo no perteneciente a la lengua castellana, o peor, con cara de haber comprendido el vocablo y no comprender qué razón extraña ha llevado a una a esa elección): ¿QUÉ?

Situación II

Pregunta: ¿Qué estudiaste?

Respuesta: Ciencia Política.

Comentario (acompañado de un par de palmaditas en la espalda y un tono de voz que pretende connotar picardía y establecer un tipo de vínculo de complicidad): AHHHH, PREPARÁNDOTE PARA SER LA PRÓXIMA PRESIDENTA, EEEEEEEH.....

Pequeñas delicias de la vida del licenciado en ciencias no exactas. Y ni me atrevo a empezar a comentar las peculiares conversaciones que se desencadenan tras la fatídica pregunta...
¿Y eso te sirve después para trabajar de qué?

La íncomoda búsqueda de respuestas que satisfagan al interlocutor amerita todo un capítulo aparte.

martes, 3 de febrero de 2009

Lo indescriptible, descripto

El que avisa no es traidor. Sabía que me iba a resultar muy arduo mantener esto en pie por mucho tiempo. Nunca me imaginé lo fácil que le podía resultar al arrepentimiento colarse en mi refugio. Empecé a intentarlo; estaba a punto de ponerme a escribir otro post, hasta que me encontré con esto. Que en parte es una explicación muy sólida de por qué a veces siento que es una estupidez atreverme a escribir. Yo sé que no es muy original esto de estar "viviendo" de lo que escribiron otros. Pero, supongo, sabrán comprender. Esto es inmejorable.


"Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa".


Hermann Hesse, El lobo estepario (1927).

domingo, 4 de enero de 2009

Declaración de indignaciones

Sólo para que conste. Quizás esto sea una estupidez, porque la verdad es que tengo poco para decir. Mi desconocimiento sobre la mayor parte del fenómeno y mi ignoracia sobre la multiplicidad de aspectos que entran en juego me impiden hacer una declaración más elaborada. Pero mi horror ante lo que ocurre (y la impotencia que me produce) también me llevan a aprovechar este espacio para expresar mi indignación. Me indigna lo que está ocurriendo en Gaza. Me indigna enormemente (ENORMEMENTE) el comportamiento del gobierno israelí y la prepotencia de sus declaraciones. Hasta el nombre de su inhumana operación de gueera me indigna (me parece de un cinismo gigante). Me indigna la pasividad de la mayor parte de la sociedad internacional. Sé que habrá muchos indignados también del otro bando y sé que lo que escribo es meramente una perspectiva muy subjetiva y parcial sobre lo que está pasando. Pero es lo que pienso, lo que siento. Me gustaría, por la naturaleza que me caracteriza, poder esgrimir argumentos informados y racionales que justifiquen mi indignación. Aunque creo que una tragedia humanitaria como la que se está desarrollando por sí misma la justifica (ni siquiera puedo ver las imágenes de la televisión). Me disculpo si algo de lo que digo ofende la inteligencia o la sensibilidad de alguien (si es que alguien más que yo ve esta insignificante declaración). Por lo que no me disculpo es por sentir (y estar segura) de que sea como sea que este fenómeno deba ser analizado, lo que muchos palestinos están sufriendo en este momento es una irrefutable injusticia.

sábado, 3 de enero de 2009

De escapatorias y guaridas

Refugiarse en los rincones de siempre, en recovecos donde lo conocido restaura la seguridad que el afuera, con sus miles de luces, de experiencias posibles, de potenciales encuentros, sustrae repentinamente. Espacios donde no son necesarios mapas ni brújulas, el reino de lo malo conocido… que conjura el escalofriante miedo de lo bueno por conocer. Lo bueno por conocer que parece esconderse deliberadamente de mi vista. Esos rincones donde el reloj avanza sin muchas expectativas pero, por ende, sin muchas decepciones; donde no es necesario preguntarse por qué lo natural y autopercibidamente merecido para el resto resulta tan extremadamente ajeno – y difícil- para mí. Un lugar en el que, quizás paradójicamente, la oscuridad no conlleva miedo sino tranquilidad.

Refugiarse. A veces también esconderse. Otras, sobre todo, protegerse. Sin saber muy bien de qué, por la tragedia de no conocerlo (que a veces es la raíz del porqué me escondo), o sabiéndolo muy bien, por la igualmente trágica certeza de lo que busco incansablemente y no logro hallar. Rincones que de todas maneras no están exentos de la fascinación del exterior, porque en ellos el tiempo transcurre también en forma de sueño, de deseo, ya de utopía.

No todo es oscuro en los recovecos. También hay luz para mirar al interior de los mismos, para redescubrir y reconocer la materia de la que estoy compuesta. Reconfortarse con eso, espeluznarse en ocasiones. Preguntarse una y otra vez por la propia incapacidad de deshacerse de la materia corrupta. Alegrarse de lo mucho que la otra parte de la materia, la no corrupta, refleja de aquellos que se cruzan en mi camino y que, afortunadamente, restan un tramo de soledad a los rincones. Agradecer el hecho de que el afuera entre por esos caudales y que llene de fugaz pero plena felicidad las esquinas del refugio. Disculparse también porque el apego al refugio hace que a veces mi presencia en el exterior sea monótona, incomprensible e hiriente.

Darme cuenta de cuántos recuerdos y vestigios construyen este refugio. Y son su alimento, así como lo son la comodidad de los pasos seguros y las ganas de ser equilibrista sin red (aunque todavía no he acumulado el coraje necesario). También, debo ser franca, reconocer la estrategia deliberada de que la división del trabajo otorgue a mi rincón, a mi refugio, el monopolio de aquellas tareas en las que mejor me desempeño, en las que sé que salgo airosa. Vanagloriarme, a la laissez-faire, de la asignación tan eficiente de las labores de producción (lo cual de nada sirve porque la eficiencia no es el criterio por el que se rige la articulación de necesidades en este espacio, en el que reina el monopolio del deseo por lo inalcanzable, por aquellas actividades en las que me perdería tan fácilmente).

Finalmente, recordar la escena de American Beauty que antes no comprendía y que define en gran parte la naturaleza de mi huida. Es aquella en la que uno de los protagonistas, conmovido, dice: "sometimes there is so much beauty in the world... I feel like I can't take it and my heart is just going to cave in" (a veces hay tanta belleza en el mundo... siento que no puedo soportarlo y que mi corazón va a derrumbarse, a hundirse). Y también darme cuenta de que mi guarida se parece mucho (y quizás eso sea alentador, por el aspecto provisional de su significado) a un gran paréntesis, similar a aquellos en los que me refugio y también me expreso cuando escribo. Como ahora.