Aviso para navegantes

Esta es una advertencia para esos transeúntes que casual o deliberadamente pasan por este espacio. Durante mucho tiempo reflexioné sobre la posibilidad de iniciar un blog y en el 99% de los casos llegué a la irrefutable conclusión de que no era una muy buena idea. Por lo tanto, que ustedes estén ahora leyendo esto no es el resultado más racional de esas reflexiones. Es producto de un impulso que quizás pueda atribuirse a esa especie de fuerza inescrutable que se apodera de nosotros cada principio de año (que conste en actas el gran escepticismo que me merece la frase "año nuevo, vida nueva"). Probablemente esto sea un ejemplo de debut y despedida, y este sea uno de los dos únicos post que publique. Quizás no. Principio de máxima indeterminación. Dado que no sé si volveré a escribir, tampoco sé cada cuánto lo haré (sigo el sabio consejo de un blogger experimentado que me disuadió de prometer regularidades). Tampoco comprendo muy bien las razones que me empujan a escribir esto ahora (es lo que tienen los impulsos, supongo). Sólo espero que de alguna manera esta sea una buena experiencia. Pasen y vean.

martes, 3 de febrero de 2009

Lo indescriptible, descripto

El que avisa no es traidor. Sabía que me iba a resultar muy arduo mantener esto en pie por mucho tiempo. Nunca me imaginé lo fácil que le podía resultar al arrepentimiento colarse en mi refugio. Empecé a intentarlo; estaba a punto de ponerme a escribir otro post, hasta que me encontré con esto. Que en parte es una explicación muy sólida de por qué a veces siento que es una estupidez atreverme a escribir. Yo sé que no es muy original esto de estar "viviendo" de lo que escribiron otros. Pero, supongo, sabrán comprender. Esto es inmejorable.


"Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa".


Hermann Hesse, El lobo estepario (1927).